Que los altos directivos de las empresas cobran sueldos con muchos ceros es algo que todo el mundo sabe. Pero el matiz de la indecencia viene cuando los directivos de una empresa en ruina como es Sniace, con la fábrica cerrada y toda la plantilla despedida y sufriendo, se embolsan mucho dinero por no se sabe muy bien qué, como si fuera un premio inmerecido.
Cuando Mezquita y Liaño -y otros directivos más- reciben sus cuantiosos emolumentos debería haber un medidor de indecencias: no es de recibo que en total Sniace gaste casi un millón de euros en ejecutivos mientras por otro lado dice no tener dinero ni siquiera para pagar las indemnizaciones por despido de toda la plantilla.
En estas situaciones, cuando los altos sueldos de los directivos superan unos límites morales -nada que ver con la ley porque moralidad y ley a veces no se tocan- lo más apropiado es sacar a la luz las cifras, mostrar a los cuatro vientos la cantidad de dinero que se llevan calentito para casa las personas que, según varios expertos, han llevado a Sniace hacia la ruina. Por lo menos, que tengan que soportar las críticas públicas.
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