La alcaldía de una ciudad conlleva muchas y fuertes responsabilidades, entre ellas no solo está presentar ferias gastronómicas, sino gestionar y gobernar para los ciudadanos, no de cara a los medios de comunicación.
La presión social en un contexto de crisis es como una olla a presión: si se crea demasiada presión hay serio riesgo de explosión, de caos. La evidente inactividad del equipo de gobierno para contribuir a solucionar problemas tan acuciantes como el paro en la ciudad, está enervando los ánimos de la ciudadanía, cada vez más indignada.
Los últimos acontecimientos (pleno del día 1 de octubre celebrado en solitario por el PP en actitud tildada como «antidemocrática» por la oposición) y el encierro de trabajadores de Sniace en el Ayuntamiento de Torrelavega, obligados a no recibir comida ni agua, dejan poco espacio a la esperanza sobre un cambio radical de actitud que ayude a aliviar la presión en vez de aumentarla.
Para evitar la explosión social, que avanza a pasos agigantados, es necesario aplicar una válvula de escape, que pasa irremediablemente por el cambio profundo de gobierno municipal.
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