Cuando no hay ni créditos, ni dinero circulante, ni apenas actividad económica relevante, llama la atención que todavía se sigue vendiendo «la moto» del emprendimiento.
Da la sensación de que se intenta lanzar a los jóvenes al autoempleo por necesidad, a la empresa por desesperación y, en definitiva, a un suicidio económico asistido y fomentado por instituciones y otros organismos públicos o privados.
Hay que ser realista: este es el peor momento para emprender, y lo más probable es que todos los bonitos proyectos y todas las hermosas ideas que pueden tener jóvenes y no tan jóvenes, acaben en la ruina económica al no existir ningún signo positivo de mejora económica en la ciudad de Torrelavega.
No podemos, por lo tanto, asumir esa responsabilidad de lanzar a las personas al emprendimiento a la desesperada, y reclamamos sensatez a los diversos organismos para que no animen a las personas a gastar su escaso dinero en aventuras que, en este momento, están condenadas al fracaso. Sin embargo, esperamos que las cosas mejoren mañana. A partir de mañana, cuando la economía de Torrelavega levante el vuelo, ya podremos volver a soñar con el emprendimiento.
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