La actual alcaldesa de la ciudad, Lidia Ruiz Salmón, parece no tener muy claras las responsabilidades unidas de forma indisoluble al cargo de alcalde o alcaldesa: es un cargo con un fuerte componente institucional, no un cargo para desplegar gustos o fobias de índole personal.
Partiendo de la base de que la alcaldía representa la máxima autoridad en la ciudad, un alcalde o alcaldesa debe asistir a los actos importantes de forma obligatoria, sin importar si la persona que, de forma temporal, ocupa el cargo, puede tener más o menos afinidad ideológica o religiosa con dichos actos. Salvo urgencia de salud, el alcalde o alcaldesa está obligado a cumplir con las funciones de representación institucional inherentes a su cargo.
No se ha tenido conocimiento de ninguna afección sanitaria por parte de la alcaldesa, por lo que parece lógico pensar que la ausencia fue un acto voluntario. Teniendo en cuenta que la alcaldía representa de forma institucional a toda la ciudad, en esta situación, la ausencia de Ruiz Salmón en el homenaje a la Virgen Grande, patrona de la ciudad, es inexcusable.
Una alcaldía es un cargo institucional y requiere altura de criterios, y el alcalde o alcaldesa debe acudir a muchos actos que no son de su agrado: lo contrario es no tener altura de miras, carecer de sentido institucional y, en última instancia, despreciar las tradiciones de la ciudad que siguen miles de personas.
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