Quedan muy pocos vestigios de lo que, un día, fue Torrelavega. Desde la bolera de La Carmencita, perdida en pos de un fallido proyecto de Centro de Emprendedores, para ser un simple aparcamiento de vehículos, hasta otros detalles de la prosperidad que, en el pasado, vivió una ciudad que sin duda vio amaneceres mucho más brillantes.
Nos queda la fuerte esperanza de volver a intentar recuperar lo que en su día fue Torrelavega. Ciudad próspera para la industria y comerciantes, nos merecemos volver a recuperar la posición clave de cruce de caminos, de capital de comarca y de punto crucial de negocios y empresas.
A Torrelavega le duele y le sangra la desidia, las remodelaciones innecesarias de su corazón, entendido como la Plaza Mayor, y muchas otras acciones o inacciones que han dado como resultado la agonía actual. Pero si algo nos caracteriza como pueblo es la lucha, y lo conseguiremos. Volveremos a conquistar nuestros recuerdos y reivindicaremos nuestra prosperidad.
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